El Zaidín ha sido el barrio más castigado por los terremotos más graves que ha sufrido Granada en los últimos setenta años. Más de un mes después del primer temblor, todavía hay familias desalojadas, edificios gravemente dañados y negocios que han tenido que echar el cierre. La zona quedó prácticamente vacía en agosto, tras las primeras sacudidas. El miedo se instaló en las casas y en las calles, según refleja un reportaje del diario Ideal.

Quienes pudieron abandonaron la ciudad durante unos días para huir de las réplicas; otros optaron por dormir en sus coches. Pero los vecinos apenas tuvieron tiempo de lamerse las heridas. Había que atender a las familias, revisar las viviendas y reabrir los negocios. Comerciantes, hosteleros, trabajadores y residentes siguieron al pie del cañón, incluso cuando la tierra volvía a temblar bajo sus pies.
Historias de resiliencia en plena crisis
El diario Ideal ha acompañado a los vecinos del Zaidín durante estas semanas difíciles a través de una serie de reportajes que recogen cómo un barrio afronta la adversidad y recupera poco a poco la normalidad, aunque sea «con inquietud y miedo», como relatan los propios residentes. Entre las historias destaca la de Bea y Luisa, dos peluqueras y amigas que llevan veinticinco años trabajando juntas. El terremoto dañó su local, pero no han tirado la toalla: han cambiado su salón de belleza por las casas de sus clientas.
«El zaidinero ha tenido siempre la capacidad de sacar pecho», afirma Francisco Prados, presidente de la Asociación de Comerciantes y Autónomos del Zaidín Vergeles. Para él, levantar las persianas era el gesto necesario para devolver al barrio una parte de su normalidad. Una normalidad que todos necesitan, aunque en las conversaciones de la calle se note la ansiedad y la incertidumbre.
Acompañamiento y solidaridad vecinal
El Defensor de la Ciudadanía, Manolo Martín, trasladó temporalmente su oficina al barrio para estar cerca de unos vecinos que necesitaban respuestas y acompañamiento. Cada día ha escuchado problemas, preocupaciones y también el cansancio de quienes reclaman ayuda inmediata. «El Zaidín es un barrio resiliente, gente que ha hecho de la necesidad virtud», resume Martín.
La solidaridad ha sido una de las señas de identidad de estos días. En el Merca 80, los comerciantes no solo han seguido trabajando, sino que se han convertido en confidentes, han ofrecido apoyo emocional y hasta se han brindado a llevar la compra a aquellos vecinos que, por miedo, no podían salir de casa. «Tenemos un carácter muy especial los zaidineros», aseguran allí.
Un barrio que no está solo
El Zaidín necesita información, recursos y respuestas. Sobre todo, necesita sentir que no está solo. Y no lo está, porque sus vecinos se tienen los unos a los otros. Hay miedo, heridas que todavía no se han cerrado y problemas que necesitan solución. Pero también hay barrio, hay comunidad, hay gente que abre cada mañana su negocio, que vuelve a hacer la compra, que acompaña al vecino y que intenta recuperar la vida de siempre. Puede temblar la tierra, pero no ha temblado la dignidad ni la fortaleza de estos vecinos, concluye el reportaje de Ideal.
Fuente: Ideal · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Vogranada con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.
