El río Darro, que baña los pies de la Alhambra y atraviesa el corazón histórico de Granada, guarda entre sus arenas una historia de codicia, leyenda y transformación urbana que se remonta a la época romana. Durante siglos, la silueta inclinada de los buscadores de oro, bateando pacientemente la arena del cauce, formó parte del paisaje cotidiano de la ciudad.
Según documenta el medio Ideal, los romanos bautizaron este curso fluvial como Dauro, que significa «el que da oro», y no era una expresión literaria: las diminutas partículas del metal precioso que arrastraba desde la montaña fueron explotadas desde la antigüedad. Los buscadores sabían que en los recodos donde la corriente perdía fuerza, especialmente junto a la iglesia de San Pedro, se depositaban las pepitas que justificaban su paciente labor.
El eje del crecimiento medieval de Granada
En época zirí, el Darro se convirtió en el verdadero eje del desarrollo urbano de Granada. Las acequias de Axares y Romayla distribuían sus aguas por los nuevos barrios que surgían al pie de la Sabika. El río regó las huertas de los cármenes, movió los molinos y abastecía los talleres de curtidores y tintoreros que prosperaban en sus orillas, convirtiéndose en escenario de la vida cotidiana, los juegos y las fiestas de los granadinos.
Del embovedado a la riada de 1951
Con el paso de los siglos, sin embargo, la ciudad acabó dándole la espalda a su río legendario. Para evitar las riadas, los malos olores y ganar nuevas calles, Granada cubrió buena parte del Darro bajo una bóveda. El río, no obstante, nunca renunció a su fuerza: en 1951 reventó parte del embovedado y recordó con contundencia que todavía seguía vivo bajo el asfalto.
Memoria visual animada con inteligencia artificial
Este territorio donde la historia se mezcla con la leyenda ha sido recuperado recientemente mediante un proyecto audiovisual que emplea inteligencia artificial. A partir de fotografías del archivo del medio granadino, grabados de época y documentos históricos, se ha dado movimiento a las imágenes de los buscadores de oro que permanecían detenidas en viejas fotografías en blanco y negro, así como a las estampas de los viajeros románticos que inmortalizaron el Darro en sus obras.
El resultado reconstruye visualmente los relatos que, durante siglos, han dado forma al imaginario del río más legendario de Granada, desde el Albayzín hasta la Carrera del Darro, uno de los paseos más emblemáticos de la ciudad.
Fuente: Ideal · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Vogranada con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.
