Investigadores de la Universidad de Granada, en colaboración con la Universidad Estatal de Nueva York, han logrado identificar cambios medibles en la composición de la lágrima que se asocian directamente con la fatiga visual digital. El hallazgo supone un avance significativo para evaluar de forma objetiva un problema que afecta a millones de personas y que, hasta ahora, únicamente se diagnosticaba mediante cuestionarios subjetivos de síntomas.
Según publica el diario 20 Minutos, tras apenas 30 minutos de lectura en pantallas electrónicas se detectó un aumento de cinco moléculas relacionadas con procesos de inflamación. Este descubrimiento abre la puerta a herramientas diagnósticas más precisas para el síndrome visual informático, una afección cada vez más frecuente en estudiantes, trabajadores de oficina y usuarios intensivos de dispositivos móviles.
Cinco biomarcadores clave en la lágrima
El trabajo, publicado en la revista científica Contact Lens and Anterior Eye, analizó a 24 adultos jóvenes de entre 18 y 30 años. Cada participante completó cuatro sesiones experimentales en días distintos, realizando tareas de lectura de 30 minutos tanto en pantalla como en papel, con diferentes niveles de exigencia cognitiva. Tras cada sesión, los investigadores recogieron muestras de lágrima de forma no invasiva y analizaron doce moléculas distintas.
Los resultados revelaron diferencias evidentes entre ambos formatos. Tras la lectura digital aumentaron significativamente cinco biomarcadores: IL-1a, IL-6, IL-8, TGF-a y TNF-α. Todas ellas son moléculas implicadas en procesos de inflamación, respuesta inmune y reparación tisular. Además, cuando la tarea exigía mayor esfuerzo mental, se incrementaron especialmente los niveles de IL-8 y TNF-α, lo que sugiere que no solo influye el dispositivo en sí, sino también la carga cognitiva de la actividad.
Síntomas objetivables frente a cuestionarios subjetivos
La fatiga visual digital, también conocida como síndrome visual informático, incluye molestias como sequedad ocular, visión borrosa, picor, escozor, dolor de cabeza, cansancio ocular y dificultad para enfocar. Aunque afecta al rendimiento visual, la productividad y la calidad de vida, su diagnóstico se basa todavía en la percepción subjetiva mediante cuestionarios, sin distinguir siempre entre ojo seco, problemas de graduación o alteraciones del enfoque.
Los participantes del estudio manifestaron más molestias visuales tras leer en formato digital: visión borrosa durante la lectura, dificultad para reenfocar después, cansancio ocular y sensación general de esfuerzo. Uno de los hallazgos más relevantes es que algunas de estas moléculas se relacionaron con la intensidad de los síntomas reportados: a mayores cambios en la lágrima, mayores molestias. Este dato refuerza la posibilidad de usar estos biomarcadores para identificar objetivamente la fatiga visual digital.
Menos parpadeo, más inflamación
Los responsables del trabajo señalan que estos cambios podrían explicarse, en parte, por alteraciones en el parpadeo. Al mirar pantallas, se tiende a parpadear menos y de forma incompleta, lo que favorece la evaporación de la lágrima y la irritación de la superficie ocular. A ello se suman el brillo, el contraste, la iluminación ambiental, la atención sostenida y la elevada demanda visual de muchas tareas digitales. Todo esto puede generar una respuesta inflamatoria leve pero detectable en la lágrima.
El tiempo de exposición a las pantallas continúa aumentando en todas las edades, especialmente entre estudiantes y trabajadores. Para los autores del estudio, comprender los cambios fisiológicos que produce esta exposición resulta imprescindible para proteger la salud visual de la población. La Universidad de Granada se posiciona así a la vanguardia de la investigación en salud ocular relacionada con el uso intensivo de tecnología.
Fuente: 20 Minutos Granada · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Vogranada con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.
