El ciclo ‘Lorca y Granada en los jardines del Generalife’, la propuesta estival organizada por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, arrancó este viernes con un espectáculo que vuelve a situar el flamenco en el epicentro de esta cita cultural. Manuela Carrasco inauguró la programación con ‘Las gitanas cantan y bailan a Lorca’, un montaje que rinde homenaje al poeta fuenterino desde la tradición flamenca más auténtica.
El flamenco vuelve al corazón del Generalife
Aunque el itinerario de este ciclo veraniego ha explorado diversos territorios artísticos con resultados desiguales, la esencia flamenca sigue siendo su seña de identidad más profunda. La elección de Manuela Carrasco para la apertura de esta edición supone una apuesta clara por recuperar esa conexión primigenia entre el arte jondo y la poesía lorquiana.
El teatro, que no registró lleno completo pero sí una asistencia muy agradable, acogió entre sus butacas a varios delegados de la Junta y otros responsables institucionales. Los avisos se emitieron en español, inglés y francés, anticipando la esperada afluencia internacional que caracteriza cada verano este encuentro cultural.
Magisterio escénico sobre el tablao
El espectáculo comenzó con la recitación de Coco Reyes, quien invocó al poeta con versos que mezclaban español y caló. Tras su intervención, tres bailaoras encarnaron sobre el escenario la diversidad y riqueza del baile flamenco, acompañadas por cante, toque y palmas.
La cantaora Esperanza Fernández se sumó a la fiesta con una letra enraizada en Granada: «Las gitanas bailan en la Alhambra de Graná», una declaración de intenciones que arrancó los primeros aplausos del público. Pero fue la entrada de Manuela Carrasco, enfundada en vestido azul y mantón atornasolado, la que concentró todas las miradas.
La maestra sevillana desplegó su magisterio con una economía de medios que solo los grandes poseen. Un par de taconazos sobre el tablao bastaron para establecer su jerarquía escénica. Ni siquiera los fallos en la microfonía lograron romper la conexión entre cantaor y bailaora, ese encuentro a la antigua donde el duende se mece entre los pies y la garganta.
De ‘Romance de la pena negra’ a ‘La tarara’
El repertorio recorrió algunos de los textos lorquianos más emblemáticos. Coco Reyes recitó el ‘Romance de la pena negra’ mientras Carrasco toreaba sobre el escenario el morlaco de la muerte que sufrió Soledad Montoya. El ‘Romance de la luna, luna’ resonó en una noche de luna llena, expresando con llanto la imposibilidad de alcanzar al astro selenita.
Esperanza Fernández y Aurora Vargas ofrecieron una versión muy particular del ‘Anda jaleo’, y Pastora Galván demostró su dominio del alarde y la fiesta flamenca. La ‘Baladilla de los tres ríos’ fue objeto de una interesante versión musical que conectaba con la estética de los cantautores, con un aire casi colonial de los cantes de ida y vuelta.
Patrimonio vivo de la Humanidad
El espectáculo incluyó también una escena en torno a una mesa, ese elemento imprescindible en cualquier celebración flamenca auténtica. La velada arrancó con el ‘Romance de la luna, luna’ y derivó hacia las peteneras, con jaleos cruzados entre artistas que representan una visión del flamenco procedente de la baja Andalucía pero con vocación universal.
No faltó, como cierre, ‘La tarara’, ese cante popular que Lorca recopiló y que forma parte del acervo común de la cultura andaluza. Conservar y proteger este arte, como hizo Manuela Carrasco durante toda la velada, es una tarea colectiva para un patrimonio declarado por la UNESCO como bien inmaterial de la Humanidad.
El ciclo ‘Lorca y Granada en los jardines del Generalife’ continuará durante las próximas semanas con otros dos espectáculos de muy diverso cariz, según ha informado Ideal.
Fuente: Ideal · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Vogranada con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.
