Anne-Caroline Biancheri celebra treinta años uniendo vino y libro en Argentina

GourmetAnne-Caroline Biancheri celebra treinta años uniendo vino y libro en Argentina

Anne-Caroline Biancheri llegó a Buenos Aires en 1993 con apenas veintidós años y un proyecto editorial bajo el brazo. Lo que no podía imaginar entonces es que tres décadas después su historia estaría marcada no solo por los libros, sino también por los viñedos que plantó a mil metros de altura en Mendoza, al pie de la Cordillera de los Andes. Su bodega, Antucura, celebra este 2026 dos aniversarios consecutivos: treinta años desde que fundó su editorial Caviar Bleu, y veinte vendimias desde que elaboró su primer vino.

Nacida en Marsella y criada entre París y Abidjan, Biancheri aterrizó en Argentina para completar una pasantía de sus estudios de marketing en la American University de París. Trabajó con el editor Carlos Manzi, descubrió el oficio editorial y comenzó a publicar guías y libros sobre turismo y vitivinicultura. Uno de esos encargos, un volumen sobre Santiago de Chile, derivó en otro sobre Mendoza, provincia que la instaló definitivamente en el país y donde conoció al padre de sus hijos.

De editora a viticultora por consejo de Michel Rolland

En 1998, con ayuda de Michel Rolland —amigo de su padre y uno de los enólogos más influyentes del mundo—, compró una finca en Vista Flores. Su intención inicial no era crear una bodega, sino tener un lugar de recreo para ir los fines de semana con sus hijos. «Cuando llegué dije: es acá. La vista de la Cordillera me convenció apenas crucé el portón», recordó en declaraciones recogidas por la fuente original, 7Caníbales.

Fue Rolland quien la convenció de convertir aquella uva en vino. «Me dijo: Caro, me parece una pena que con la calidad de uva que tenés, no hagas algo», relató Biancheri. Entre 2000 y 2005 plantaron cien hectáreas con alta densidad, siguiendo las indicaciones del enólogo francés, quien falleció este pasado marzo. «Me enseñó que para hacer grandes vinos hay que tener muy buena materia prima, porque por más que seas el mejor enólogo del mundo, si no la tenés no podés hacer milagros», afirmó. Durante ocho años, el equipo de Rolland se instalaba tres meses al año en Antucura para elaborar junto a ella.

Merlot y cabernet traídos desde Pomerol

Una porción de las primeras hectáreas de merlot y cabernet sauvignon se importó directamente desde Pomerol, en Burdeos. «Nunca más volvimos a traer material genético a la finca, esto fue una locura», reconoció Biancheri, quien recordó que las raíces llegaban atadas en bolsas de plástico semicongeladas y debían cruzar la Cordillera por el Cristo Redentor. Las plantas siguen hoy en la finca y son la base genética que define el carácter distintivo de los vinos de Antucura, con blends de corte bordelés que combinan cabernet sauvignon, merlot y malbec como aporte argentino.

Mientras el mercado celebraba a principios de los 2000 los vinos de madera dominante y potencia extrema, Antucura eligió el camino contrario: la elegancia y la armonía. «La elegancia para mí es un vino super armonioso, donde no hay nada que te haga disonancia en boca ni en la nariz», explicó Biancheri, cuyo paladar educado en Francia marcó el estilo de la bodega. Hoy, el enólogo Mauricio Ortiz, con formación en Pomerol y doce años al frente de las cavas, comparte esa misma búsqueda.

La biblioteca: ocho mil libros entre viñedos

En 2005 surgió la posada de Antucura, con ocho habitaciones y una biblioteca que hoy reúne ocho mil volúmenes en varios idiomas, a disposición de los huéspedes sin vigilancia ni fichas de préstamo. «La gente me dice que este lugar tiene alma. Y yo creo que es la biblioteca la que hace ese efecto, porque en una época donde se lee cada vez menos, el libro sigue siendo cultura», aseguró la editora y viticultora. Es la biblioteca más grande dentro de una bodega en Latinoamérica, según la fuente original.

El proyecto de Biancheri crece. Su plan más ambicioso incluye un desarrollo inmobiliario sobre las ciento veintiséis hectáreas de Antucura, pensado como club de vino y bienestar, con SPA, talleres, tienda de productos orgánicos, anfiteatro y, de nuevo, una biblioteca en medio del viñedo. Solo se podrá circular en bicicleta o carrito de golf. «Quiero unir el buen vivir con el bien vivir», avanzó, trazando un vínculo entre confort y conexión con lo inmaterial.

En un mundo donde el enoturismo desplaza a la venta de uva como negocio central, Anne-Caroline Biancheri sigue trazando su camino con la misma coherencia que une, desde hace tres décadas, el vino y el libro en una sola historia personal. En un contexto donde la gastronomía internacional premia la innovación y la identidad local, su apuesta por la elegancia afrancesada con raíces argentinas sigue vigente.

Fuente: 7Caníbales · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Vogranada con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.

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