¿Te consideras una persona independiente, solidaria, con buen criterio y capaz de gestionar tus emociones? Pues cuidado: tal vez no seas exactamente como piensas. Así lo advierte Javier Urra, doctor en Psicología y Ciencias de la Salud, quien ha recopilado en el libro «¿Cómo somos realmente?» (Desclée De Brouwer) decenas de experimentos que desafían nuestra autopercepción. Según informa Ideal, estos estudios demuestran cómo el contexto, el mensaje recibido o nuestros propios instintos influyen en nosotros más de lo que queremos reconocer.

Cómo el encuadre del mensaje altera tus decisiones
Los psicólogos israelíes Daniel Kahneman y Amos Tversky realizaron en 1979 un experimento revelador. Pidieron a dos grupos elegir el mejor tratamiento para seiscientas personas infectadas por un virus mortal. Al primer grupo le dijeron que ese tratamiento salvaría a doscientas personas; al segundo, que cuatrocientas morirían. El resultado: el setenta y dos por ciento del primer grupo aceptó administrarlo, frente a solo el veintidós por ciento del segundo. La diferencia en las decisiones se debió únicamente a cómo se planteó el problema, demostrando el enorme peso del encuadre.
La palabra dada y el compromiso ante un delito
En una playa de Nueva York, el psicólogo Thomas Moriarty evaluó hasta dónde se arriesgaría la gente para evitar un robo. Un cómplice fingió robar una radio colocada junto a otro bañista. Solo el veinticinco por ciento de los sujetos intentó detenerle. Cuando el supuesto propietario pedía expresamente que le cuidaran las cosas, el noventa y cinco por ciento intentó frenar al ladrón. «La confianza en los otros se acrecienta desde la comunicación verbal y gestual, de ahí el valor de la palabra dada», explica Urra en la fuente.
El instinto protector hacia los bebés
Harvey Hornstein, de la Universidad de Columbia, dejó caer doscientas cuarenta carteras en Edimburgo durante los años sesenta. Algunas contenían fotos de recién nacidos; otras, de familias, ancianos o cachorros. Las carteras con imágenes de bebés obtuvieron una tasa de devolución hasta un treinta y cinco por ciento más alta. La investigación sugiere que el instinto protector hacia los bebés desencadena una respuesta rápida y positiva en el cerebro.
El efecto rebote de las amenazas severas
Jonathan Freedman, de la Universidad de Stanford, mostró cinco juguetes a cuarenta niños, prohibiéndoles tocar un atractivo robot. A un grupo le amenazó con un castigo severo; al otro, con un aviso suave. Seis semanas después, al permitirles jugar libremente, el setenta y siete por ciento de los niños amenazados severamente cogió el robot, frente al treinta y tres por ciento del otro grupo. Las amenazas duras pueden aumentar el atractivo de lo prohibido a largo plazo.
Liberar la ira no siempre calma
Brad Bushman, de la Universidad Estatal de Iowa, pidió a seiscientos estudiantes escribir un ensayo y todos recibieron evaluaciones ficticias muy negativas. Luego, unos golpearon un saco de boxeo durante dos minutos; otros permanecieron en silencio. Al jugar después a un juego competitivo, quienes habían golpeado el saco mostraron mayor agresividad. Los hallazgos de Bushman demostraron que liberar la ira mediante la agresión no la reduce, sino que la intensifica.
La vajilla pesada aumenta el valor percibido
Charles Spencer, de la Universidad de Oxford, sirvió el mismo menú a ciento treinta comensales en un restaurante escocés. A la mitad les entregó cubertería y vajilla pesada; a los demás, cubiertos corrientes. Quienes comieron con vajilla pesada se mostraron dispuestos a pagar hasta un quince por ciento más. Los factores sensoriales influyen en nuestra percepción y disfrute de la comida, tal como señalan las tendencias que marcan el estilo de vida actual.
La búsqueda de consuelo ante la baja autoestima
Los alemanes Dagmar Stahlberg y Dieter Frey dijeron a voluntarios que habían obtenido una puntuación baja en un test de cociente intelectual. Luego les ofrecieron artículos que validaban esos exámenes y otros que los cuestionaban. Quienes supuestamente habían sacado nota baja dedicaron mucho más tiempo a leer los textos que desacreditaban los tests. «Este estudio confirma que somos vulnerables, pero intentamos no hundirnos. Los mecanismos defensivos nos resultan necesarios», concluye el psicólogo en Ideal.
Fuente: Ideal · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Vogranada con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.
